Desayuno

El café está demasiado caliente, y solo le doy vueltas a la cuchara mientras pienso en todas las cosas que tengo que hacer hoy. Al momento noto que estas detrás de mí, de pie y sin decir nada, se que eres tu… no me hace falta girarme, porque sé que solo tú te pondrías detrás mía.

-Siéntate, no estoy esperando a nadie.
-¿invitas a un desconocido a sentarse contigo?
-No eres ningún desconocido,  eso es lo que a ti te gustaría – te miro y intento no sonreírte, pero una pequeña sonrisa se me escapa.
-Sabes que eso no es verdad, pero nunca lo vas a admitir verdad?
-¿Admitir? El qué? – te vuelvo a mirar pero esta vez a los ojos
-Es igual… ¿Qué estas tomando?
-Capuccino ¿Quieres?
-No, demasiado caliente para mí gusto. 

Y así empieza mí mañana, tomándome mi taza de café mientras tú me miras y me preguntas por mis problemas, como si nos viéramos todos los días, pero sabes que no, sabes que me has abandonado e intentas solucionarlo con simples palabras. 

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